Exposición «8 miradas»

Febrero 2010

El 4 de febrero de 2010 se inauguró esta exposición en la sala tríptico del IES Averroes, donde estuvo expuesta hasta el 22 de febrero. En ella, recopilé algunas obras curiosas y útiles para la formación de los alumnos.

El día de la inauguración estuvieron presentes amigos, profesores, profesionales del diseño y una representación del alumnado de Educación de Adultos. Coincidiendo con la exposición, estuve varios días impartiendo clases para alumnos de 4º de la ESO y de Diseño Gráfico del Proyecto Integrado de 1º de Bachillerato, acerca de lo que implica ser diseñador y de los procesos que se siguen desde que se produce el encargo hasta el denominado «arte final».

La iniciativa fue promovida por Carmelo López de Arce, entonces docente del IES Averrores y cabe destacar que no hubiera sido posible sin su preciada colaboración. La exposición junto con las charlas resultaron ser muy didácticas para el alumnado del centro y esta acción se volvió a repetir meses después en otro centro que también imparte Bachillerato de arte en Córdoba, el IES Luis de Góngora.

Volver

Diseñador es uno de los oficios emblemáticos de la modernidad; lo que es su mayor problema, pues lo trivializa. Y con la masificación de la informática aún más, ya que cualquiera que se inicia en un programa gráfico se considera diseñador. Sin embargo es un oficio, con toda la carga de responsabilidad y buen hacer que esta palabra contiene. También pertenece con pleno derecho al ámbito de las artes plásticas; quizá la salida más honrosa que puede tener el callejón sin salida al que están abocadas las extintas vanguardias y el desorientado mundo del arte –cada vez más alejado del público medio y de la realidad–.

El diseñador, por el contrario, está inserto en esa realidad aunque no quiera. Como los artistas antiguos necesita al cliente. No se lía con un proyecto si no hay una necesidad social o empresarial. No están en las galerías y pocos museos de arte contemporáneo tienen una sección dedicada a ellos. El carácter efímero de su producción, la inmediatez de su utilidad comunicativa, hace que se confunda con la moda. Tampoco tiene personalidades famosas entre sus creadores. Su trabajo es anónimo y pocas personas cultas sabrían nombrar a más de dos diseñadores (salvo a modistos o arquitectos singulares). Precisamente por todas estas razones es el arte que tiene más futuro. Ya que el artista divo, el que nos vende su personalidad y su vida en cada obra, ese producto del romanticismo, se trasnochó hace tiempo; se mantiene porque hay un mercado inversor que lo necesita, que especula con las firmas, pero que se cierra cada vez más sobre su propio círculo.

Por la Sala Tríptico han pasado prácticamente todas las actividades plásticas: pintura y escultura (con toda su variedad de técnicas), grabado, cerámica, un arquitecto… aunque ninguna figura mediática (nuestra limitación presupuestaria nos libra de ello). Para completar la función didáctica que nos da sentido, nos faltaba un diseñador. Y no uno cualquiera, José Manuel Fernández es uno de los mejores, domina diferentes aspectos del grafismo: desde lo técnicamente más espectacular, como pueden ser las infografías o producciones multimedia, hasta lo conceptualmente más difícil, como la identidad corporativa. Consigue dar la información inmediata, clara, precisa que todo producto de comunicación gráfica exige y, a la vez, crea obras imperecederas, las que una vez pasado el tiempo siguen atrayendo y descubriendo matices, transcendiendo la anécdota. Eso es lo que lo convierte en artista.